REAPERTURA CON EXCLUSIÓN

“Los balnearios públicos están cada día más cerca de volver a estar disponible en la capital del Magdalena. La Alcaldía ha avanzado en las estrategias y protocolos de bioseguridad que se adoptarían en la reactivación turística de la ciudad, para reducir al máximo los riesgos de contagio del covid-19”-

Un verano sin playa y sin terrazas: así serán las vacaciones del ...

“Inicialmente se está trabajando en un plan piloto que contempla la apertura de las playas de El Rodadero y Playa Blanca de manera escalonada. De acuerdo con los resultados, entrarán en funcionamiento otros sitios que serán puestos nuevamente al servicio de las personas”.

Así lo titula en dos párrafos el periódico El Tiempo lo que muchos estaban esperando y pidiendo a los gritos: que los dejaran bañar en las playas. Pero lo que podría ser el primer paso de esa reapertura también puede ser el primer paso para la exclusión de los nativos, del samario de sus propias playas, de lo que siempre se ha temido, “que le roben”  la única magia de ese disfrute natural sin que le cobren por ello.

Es cierto que con lo de la pandemia todo se ha visto afectado, que la vida no será lo mismo mientras se reactiven esos espacios urbanos y de vida errabunda  que le daban a las calles la energía y vitalidad del ser costeño, pero también es sabido que muchos se van a querer aprovechar de las circunstancias para sacarle partido a la situación actual. La crisis de todos los sectores productivos es preocupante para una economía que vive del consumo y con ello aún más la informalidad. Por eso la propuesta de sectores de la industria del turismo, principalmente la hotelera de poder reabrir las playas con el diseño tecnológico de la cita previa, puede llevar a una preferencia del visitante que del nativo, a priorizar más el turismo con unas reservas en el grado de importancia del hotel que del bienestar común equitativo.

Es una propuesta riesgosa y peligrosa más cuando estamos acostumbrados a infringir las normas y aprovecharnos de utilizar atajos  para lograr nuestros objetivos, y aunque muchos ya gozan del placer furtivo del baño de mar, no es justo que otros, una mayor cantidad; se quede esperando viendo como niño goloso, como los turistas gozan de lo que es nuestro.  

Es bueno tener ese espíritu optimista de que lo peor de la pandemia ya pasó y que por eso nos merecemos un buen baño de playa, pero también no está de más guardar prudencia ante un fenómeno no solo de la pandemia sino con lo que diariamente nos enfrentamos y que es peor, la exclusión de nuestros semejantes, ojalá y el afán no sea inferior por querer disfrutar de un baño de ese mar,  que siempre estará allí.

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